5 de febrero de 2011

La Parálisis del sueño

La Parálisis del sueño









Parálisis del sueño



Según la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño, la parálisis del sueño consiste en un período de inhabilidad para realizar movimientos voluntarios al inicio del sueño (hipnagógica o forma predormital) o al despertarse, ya sea durante la noche o la mañana (hipnopómpica o forma postdormital).
La parálisis es totalmente normal y se produce cada vez que el individuo duerme. Es el mecanismo natural de defensa del organismo para evitar el "escenificar físicamente los ensueños", lo cual podría resultar dañino y peligroso para el individuo dormido (sueño REM sin atonía, no sonambulismo que se produce en las fases de sueño profundo).
Normalmente no se está consciente en ese estado, pero algunos individuos son susceptibles de sufrir episodios de parálisis estando conscientes. Esto puede ocasionar que el individuo mezcle sensaciones reales del entorno que le rodea con cualquier tipo de alucinación producida por un sueño, como puede ser sentir una sensación de ahogo o dificultad para respirar, con opresión del pecho, palpitaciones y otras sensaciones de origen fisiológico. Esta parálisis, acompañada por temor en la persona que la padece, se conoce como pesadilla, en el sentido clásico de la palabra.
En este estado, el sujeto se siente incapaz de realizar cualquier movimiento o de hablar, pero está plenamente consciente de su situación y de lo que ocurre en su medio ambiente circundante, ya que puede oír, oler o percibir sensaciones táctiles, incluso ver si tiene los ojos abiertos, o creer completamente que está viendo la habitación en la que se durmió, aun teniendo los ojos cerrados.
La parálisis consciente puede tener “toda la fuerza y el impacto de la realidad”, en palabras de Robert Baker, un psicólogo de la Universidad de Kentucky.

TRASTORNOS DEL SUEÑO

El sueño es un estado del organismo, regular, recurrente y fácilmente reversible, que se caracteriza por una relativa tranquilidad y por un gran aumento del umbral o de la respuesta a los estímulos externos en relación con el estado de vigilia.
El sueño es un estado biológico y conductual. Ciertas características electroencefalográficas (EEG) y poligráficas forman parte de la definición del sueño en razón de su asociación regular y constante con el sueño.

2. SUEÑO NORMAL
Cuando una persona se duerme, sus ondas cerebrales experimentan ciertos cambios característicos, clasificados como fases 1, 2, 3 y 4. El EEG vigil se caracteriza por ondas de 8 a 12 cps y una actividad de bajo voltaje de frecuencia mixta. Cuando la persona se duerme, empieza una desaparición de la actividad . La fase 1, considera la etapa de sueño más ligero, se caracteriza por actividad regular de bajo voltaje de 4 a 6 cps. Tras unos segundos o minutos, esta fase deja paso a la fase 2, una pauta que muestra trazados frecuentes en forma de huso de 13 a 15 cps (huso del sueño) y ciertas puntas de alto voltaje conocidas como complejos K. Poco después, hacen su aparición las ondas : actividad de alto voltaje de 0,5 a 2,5 cps (fase 3). Eventualmente, en la cuarta fase, estas ondas ocupan la mayor parte del registro. La división del sueño en las fases 1 a 4 es una división algo convencional de un proceso continuo.
El sueño es cíclico, con cuatro o cinco períodos de emergencia de las fases 2, 3 y 4 a una etapa similar a la fase 1. Las personas despertadas durante estos períodos de emergencia, frecuentemente -entre 60 y 90% de las veces- afirman haber estado soñando. Estos períodos se caracterizan no sólo por pautas de EEG de fase 1, sino también por movimientos rápidos y conjugados de los ojos (REM) y por muchos otros factores distintivos, incluyendo la irregularidad del pulso, del ritmo respiratorio y de la presión arterial, erecciones del pene parciales o totales, y atonía muscular generalizada interrumpida por movimientos esporádicos de los grupos de mùsculos pequeños. Estos períodos difieren marcadamente del sueño típico de fase 1, así como de las otras tres fases. En razón de sus características distintivas y de su carácter neurofisiológico y químico específico, estos períodos se consideran casi universalmente con constituyentes de un estado de sueño independiente. Esta idea está reforzada por el hecho de que se hallan períodos similares de sueño que difieren del resto en casi todos los mamíferos y pájaros estudiados.
Este estado diferenciado de sueño se conoce como sueño D (sueño desincronizado o de ensoñación), y el resto del sueño,como sueño S (sueño sincronizado). Estas dos etapas del sueño se conocen también con sueño REM (de movimientos oculares rápidos) y sueño NREM (de movimientos oculares no rápidos), como sueño paradójico y sueño ortodoxo y como sueño activo y sueño tranquilo. Véase la tabla 1, para conocer los diferentes términos que describen las fases del sueño. En esta sección utilizamos de forma intercambiable D y REM, y S y NREM.

Tabla 1. Terminología de la fase del sueño (*)
Sueño sin movimientosSueño con movimientos rápidos de los ojos rápidos de los ojos
También conocido como: También conocido como:
Sueño NREMSueño REM
Sueño SSueño D
Sueño SSueño D
Estado SEstado D
Sueño ortodoxoSueño paradójico
Sueño de ondas lentasSueño rápido
Sueño tranquiloSueño activo
(*) S = sincronizado; D= desincronizado o con ensoñación.



3. TRASTORNOS DEL SUEÑO
Al abordar los trastornos del sueño, sólo hay que considerar tres síntomas básicos o grupos de síntomas: el insomnio, la dificultad para iniciar o mantener el sueño; la hipersomnolencia, que incluye un sueño excesivo y excesiva somnolencia durante el día; y las alteraciones episódicas del sueño. El insomnio, es con mucho, el síntoma más comùn, y es también el más frecuentemente observado por los psiquiatras.
En muchos casos, la exploración de las causas del insomnio y la hipersomnolencia conduce a enfermedades médicas y psiquiátricas bien conocidas como factores causales.

CONFESIONES DE UN ESTUDIANTE DEPRIMIDO


............Tren con destino a Murcia. 14:42 h. Voy sentado junto a un estúpido funcionario de Correos. ¿Que por qué digo que es estúpido? Porque con su asfixiante cercanía física está amenazando el sagrado cerco de mi intimidad. Porque su codo izquierdo limita con el mío más de la cuenta.Y porque debo llevar cuidado si no quiero que se percate de los vituperios que ahora mismo le estoy dedicando.
............Pero la razón de mi desdicha no se debe, sin embargo, a tan ramplón personaje, que por cierto en estos momentos duerme. No. Él, más bien, supone una excusa, de tantas, para comenzar a escribir. Por algún sitio he de empezar, ¿no?
............A las 17:00h, si nada lo remedia, entro a clase de una de las asignaturas optativas que integran el plan de estudios de la licenciatura de Periodismo. Nada nuevo bajo el sol. Ninguna motivación adicional. Nada que me emocione. Lo de siempre, vamos. Un profesor, con voz atiplada, y que sostiene posiciones ideológicas escoradas hacia la izquierda adoctrina —que no enseña— sobre lo malo que es un señor, de derechas, llamado Federico Jiménez Losantos y advierte, al personal allí congregado, sobre la necesidad de que su figura desaparezca para siempre del periodismo político. Rebato al liberticida sujeto. Me sigue el juego. Doblo la apuesta. Fin de la clase. ¿Extraigo alguna lección moral o intelectual de lo sucedido? Desgraciadamente ninguna.
............Hubo un tiempo en el que me pirraba encarnar el modelo de estudiante polémico, respondón y hereje de las corrientes intelectuales hegemónicas del momento, a la vez que odiado y denostado por los inquisidores de turno. Pero esa etapa en mi vida concluyó (al menos en lo que se refiere como alumno). Y debo decir que sólo existe algo más desalentador que la desesperación surgida cuando llega el momento de afrontar una situación adversa. Y es esa sensación de vacío que a menudo suele quedar reflejada en una ausencia permanente de estímulo que conduce al bostezo.
............La semana que viene comienzo el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica). Curioso mecanismo estatal para robarnos tiempo y dinero. Supuestamente ampliará mis horizontes culturales. Las narices. Ni que no supiera a estas alturas quiénes fueron Rousseau, Piaget o Sigmund Freud y su dichoso mito de Edipo.
............Se acerca el fin de semana. ¿Salgo? (de fiesta, se entiende) No sé, ya veremos.La rutina acaba con todo. Hasta con la fiebre de un sábado noche. Los mismos sitios. Las mismas caras. Todavía recuerdo la primera guiri, provista de ese aire nórdico que las hace ser tan especiales y exóticas para la vista, con la que compartí algo más que un simple hello. Tiempo de melancolías.

TRANSTORNO DE PERSONALIDAD


Trastornos de la personalidad

Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son relativamente fijos, inflexibles y socialmente desadaptados, incluyendo una variedad de situaciones.

Cada uno tiene patrones característicos de percepción y de relación con otras personas y situaciones (rasgos personales). Dicho de otro modo, toda la gente tiende a enfrentarse a las situaciones estresantes con un estilo individual pero repetitivo. Por ejemplo, algunas personas tienden a responder siempre a una situación problemática buscando la ayuda de otros. Otras siempre asumen que pueden manejar los problemas por sí mismas. Algunas personas minimizan los problemas, otras los exageran.

Aunque la gente tiende a responder siempre del mismo modo a una situación difícil, la mayoría es propensa a intentar otro camino si la primera respuesta es ineficaz. En contraste, las personas con trastornos de la personalidad son tan rígidas que no pueden adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad operacional. Sus patrones desadaptados de pensamiento y comportamiento se hacen evidentes al principio de la edad adulta, frecuentemente antes, y tienden a durar toda la vida. Son personas propensas a tener problemas en sus relaciones sociales e interpersonales y en el trabajo.

Las personas con trastornos de la personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos. Con frecuencia, los familiares o los asistentes sociales los envían a recibir ayuda psiquiátrica porque su comportamiento inadecuado causa dificultades a los demás. En cambio, la gente con trastornos por ansiedad se causa problemas a sí misma pero no a otros. Cuando las personas con trastornos de la personalidad buscan ayuda por sí mismas (frecuentemente, a causa de frustraciones), tienden a creer que sus problemas están causados por otras personas o por una situación particularmente dificultosa.

Los trastornos de la personalidad incluyen los siguientes tipos: paranoide, esquizoide, esquizotípico, histriónico, narcisista, antisocial, límite, evitador, dependiente, obsesivo-compulsivo y pasivo-agresivo. El trastorno de identidad disociativo, anteriormente llamado trastorno de personalidad múltiple, es un trastorno completamente diferente.






TRASTORNO DEL PANICO

La característica fundamental del Trastorno de Pánico es la presencia de Crisis de Pánico recurrentes, inesperadas y que no se encuentran relacionadas con ninguna circunstancia en particular (son espontáneas), sin un factor externo que las desencadene, es decir que no son desencadenadas por una exposición a una situación social (como es el caso de la Fobia Social) o frente a un objeto temido (en cuyo caso se trataría de una Fobia Específica ). Otra característica del Trastorno de Pánico es el miedo persistente a padecer una nueva Crisis de Pánico, esto es miedo al miedo y se lo denomina Ansiedad Anticipatoria. Esta ansiedad puede a llegar a ser tan importante que puede llevar a confundir el diagnóstico de Trastorno de Pánico con el de Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).

Estas Crisis (o Ataques) de Pánico, inesperadas y recidivantes, suelen presentar cuatro o más de los siguientes síntomas:

· Miedo intenso a morir o a estar sufriendo un ataque cardíaco o alguna enfermedad física grave que ponga en riesgo la vida

· Miedo intenso a volverse loco o a perder el control de si mismo

· Palpitaciones (percepción del latido cardíaco) o pulsaciones aceleradas (taquicardia)

· Sudoración

· Palidez

· Temblores o sacudidas musculares

· Sensación de ahogo o falta de aire

· Opresión en la garganta (sensación de no poder respirar) o en el pecho

· Náuseas, vómitos o molestias y dolores abdominales

· Inestabilidad, mareos o desmayos

· Sensación de irrealidad (sentir al mundo externo como algo extraño)

· Sensación de no ser uno mismo (despersonalización)

· Hormigueos (parestesias)

· Escalofríos o sensación de sufrir frío intenso

Las crisis se inician bruscamente, alcanzan su máxima intensidad en los primeros diez a quince minutos y suelen durar menos de una hora. Dejan a quien las sufre en un estado de total agotamiento psicofísico y con un gran temor (ansiedad anticipatoria) a volver a padecer una nueva crisis (miedo al miedo). También pueden aparecer síntomas de tipo depresivo, miedo a salir o alejarse del hogar o necesidad de hacerlo acompañado por una ser muy cercano (esto se denomina Agorafobia). La persona suele sentirse muy hipersensible y vulnerable. Este tipo de trastorno es tan traumático de experimentar que quien lo padece puede cambiar en forma brusca y desfavorable sus hábitos de vida: no querer salir solo de la casa o viajar, retraimiento social, abandono de sus actividades laborales o académicas.

Muchas veces la persona que se encuentra padeciendo una Crisis de Pánico tiene la necesidad de "salir corriendo" del lugar donde se encuentra o de consultar urgentemente a un médico en el caso que crea que se está muriendo de verdad. Si esta crisis se experimenta por primera vez en un lugar determinado, un tren o autobús por ejemplo, suele quedar temor de volver a ese mismo sitio o medio de locomoción, desarrollándose de este modo una fobia al mismo.

Un paciente que sufría de Trastorno de Pánico describió su primera crisis de la siguiente forma:

"Súbitamente sentí una oleada de miedo sin que hubiera razón alguna. El corazón me latía apresuradamente, me faltaba el aire, sentía que no podía respirar, el corazón latía tan fuerte que parecía que iba a salirse por mi boca. Me dolía el pecho, tenía mareos, ganas de vomitar, no podía parar de temblar. Sentía que me moría, estaba aterrorizado. Era como una agonía mortal que nunca terminaba. Solo atinaba a repetir: Llamen a un médico porque me muero"

Este trastorno se lo clasifica dentro de las neurosis, no tiene nada que ver con la locura (psicosis), ni desencadena con el tiempo en un cuadro de locura. Es importante recalcar esto ya que muchos pacientes que sufren este trastorno, o los familiares del mismo, piensan que se están volviendo locos. Lo que sí es frecuente es que las personas que padecen de Trastorno de Pánico desarrollen, si no son tratados a tiempo y adecuadamente, cuadros de tipo depresivos, fobias múltiples (especialmente agorafobia) o abuso de sustancias (alcohol o drogas).